Las piñatas, la lucha del bien contra el mal

Estas coloridas figuras encarnan al diablo que se viste de colores muy atractivos para seducir al hombre con sus siete vistosos picos que significan los siete pecados capitales

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“No quiero oro, ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata”, reza el canto que precede a apalear las multicolores piñatas en las tradicionales posadas mexicanas.

Las piñatas son parte fundamental de las posadas porque simbolizan la lucha del bien contra el mal.

La piñata en sí, encarna al diablo que se viste de colores muy atractivos para seducir al hombre con sus siete vistosos picos que significan los siete pecados capitales: lujuria, gula, envidia, avaricia, ira, pereza y soberbia, a los que que hay que combatir.

Se tapan los ojos para pegarle, porque esto representa que hay una fe ciega para combatir el mal y se le pega con un palo porque este simboliza la fuerza de la virtud que rompe con los falsos deleites de la maldad.

Se rellenan con frutos y granos que simbolizan la gracia y amor de Dios, que al destruir al diablo y sus pecados, brotan triunfantes.

De ahí que el canto refiera “Dale, dale dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino”, el camino al bien, a eso se refiere. Así es que ya sabe, dele duro a la piñata y acabe con el mal.

Su polémico origen

Versiones del origen de las piñatas, como en todo lo que es tradición, hay muchas, entre ellas la del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que relata que las piñatas tienen su origen en China, donde las descubrió Marco Polo en uno de sus viajes.

Se dice que los chinos acostumbraban crear un buey de papel y cartón y lo llenaban de semillas y lo iban rompiendo durante las celebraciones del Año Nuevo Chino, tradición que el viajero mostró en España, donde fue adoptada y traída a las tierras recién conquistadas, y que a su vez relacionaron con las festividades a Huitzilopchtli y de alguna manera la introdujeron en la sincronía de la evangelización, hecha de olla de barro forrada de papeles de colores pegados con engrudo (harina revuelta en agua hirviendo), dandole el concepto que les relatamos al principio.

Aunque hay también quien asegura que en realidad son de origen maya, pues ellos ya acostumbraban, desde antes de la llegada de los españoles, llenar ollas de barro con bolitas de chocolate, colgarlas vendarse los ojos y quebrarlas con maderos, para que las bolitas de chocolate cayeran a los pies de su Dios.

Y más aún, hay historiadores, como Lourdes Mondragón, que afirma que la piñata tiene su origen en la época de los aztecas, pues ellos acostumbraban, en agradecimiento a sus dioses, romper una vasija de barro rellena de frutos y granos, que significan la abundancia de las cosechas, lo que fue aprovechado por los frailes evangelizadores para convertirlas en símbolos de triunfo contra el mal.

Todas las versiones pueden ser posibles…

La piñata tradicional mexicana suele llenarse de fruta de temporada, como jícamas, caña, naranjas, cacahuates, limas, tejocotes y algunos dulces y romperla ha sido por generaciones una de las principales diversiones de las posadas.

El pueblo de Acolman, en el Estado de México, donde la historia indica que comenzaron las posadas, conserva la tradición de elaborarlas y distribuirlas nacional e internacionalmente.

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